Encontrar la poesía y la belleza en la nueva arquitectura deshumanizada del siglo XXI es el leitmotif del nuevo trabajo del fotógrafo y pintor José Manuel Ballester. Casa Asia inaugura el próximo miércoles 18 de abril, a las 19.30 horas, la muestra “Hiperarquitectura e hiperdiseño: nuevos modelos urbanos en la China del siglo XXI”, que podrá visitarse en las salas de exposición de la institución hasta el 20 de julio. A través de más de una veintena de fotografías de gran formato, el público podrá acompañar a este artista madrileño en sus numerosos viajes a China para descubrir los paisajes urbanos que están dibujando el skyline de las nuevas ciudades chinas.
Ballester se define como un admirador de la pintura de Caspar David Friedrich, máximo exponente del romanticismo alemán. Este romanticismo se traslada a sus fotografías, sirviéndose de espacios inhóspitos, desolados o inacabados para buscar la poética del paisaje. Su obra intenta ser un reflejo de las nuevas sociedades en las que el individuo apenas tiene un lugar, ciudades que se están construyendo a un ritmo trepidante, como es el caso de las urbes chinas. Hong Kong, Pekín, Shanghai y Zhengzhou son algunos de los escenarios sobre los que Ballester dirige su mirada, capturando vestíbulos en construcción, almacenes en penumbra o la soledad nocturna de la plaza de Tiananmen.
Fecha: Del 18 de abril al 20 de julio de 2007
Lugar: Casa Asia, Av. Diagonal 373, 08008 Barcelona (mapa)
Precio: Entrada gratuita


Exposición del trabajo de Humberto Rivas el hilo conductor del cual son las huellas del tiempo transcurrido desde la Guerra Civil en rostros de personas que la vivieron, en muros que refugiaron o, por contra, que fueron cómplices involuntarios de fusilamientos y muertes. Belchite, Corbera d’Ebre o Figueres son algunos de estos escenarios de la guerra que han sido milagrosamente olvidados, abandonados en el tiempo, y que constituyen con su sola presencia un monumento a la memoria de lo que fue y de lo que hoy todavía somos. El paralelismo entre rostros y paredes es evidente, y es que la huella del tiempo no distingue personas de paisajes.
Al Iemen, dins les ciutats emmurallades, les dones van mig envelades i els homes porten un punyal i, sovint, un arma de foc, els carrerons estrets i els basars coberts palpiten de vida, olors i colors; les muntanyes són ferotges i de roca despullada però de les valls pengen com per miracle bancals verdíssims de fruiters, de cafè, de blat i de kat; els deserts no tenen límits però les sorres amaguen ciutats perdudes; i la gent és noble i petita, salvatges en el millor sentit de la paraula, perquè viuen lliures i no domesticats com nosaltres, i cap govern central no pot doblegar el seu orgull ni sotmetre la seva independència.




















